CUADROS DOLOROSOS FRECUENTES DEL TOBILLO Y PIE
Numerosos cuadros pueden generar dolor en la región
del tobillo y pie del adulto y de ellos, muchos son
causa de consulta frecuente al especialista en ortopedia
y traumatología. Para facilitar su comprensión
los agrupamos según la región afectada
(tobillo y pie) y de acuerdo a los orígenes
del mismo (traumáticos
o no traumáticos u ortopédicos).En
el caso de las entidades traumáticas del tobillo, las separaremos
según el compromiso asiente en las estructuras blandas periarticulares
(ligamentos o tendones) o en el esqueleto óseo propiamente dicho.
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CUADROS DOLOROSOS FRECUENTES
DEL TOBILLO Y PIE
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TOBILLO
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PIE
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TRAUMATICOS
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ORTOPEDICOS
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TRAUMATICOS
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ORTOPEDICOS
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-PARTES BLANDAS:
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Osteocondritis de astrágalo
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Fracturas
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Pie plano
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Esguinces
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Artrosis
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Luxaciones
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Hallux valgus
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Rupturas Tendinosas
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Artritis reumatoidea
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Esguinces
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Hallux rígidus
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-ESQUELETO OSEO:
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Tenosinovitis
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Lesiones combinadas
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Dedos en garra o en martillo
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Fracturas Maleolares
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Juanetillo de sastre
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Metatarsalgia
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Fascitis plantar
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En el caso del tobillo predominan los cuadros traumáticos, a diferencia
del pie en el cual es más frecuente el dolor de origen ortopédico
o no traumático.
A continuación se describen los cuadros dolorosos que más comúnmente
motivan consulta al especialista, con el fin de orientar al paciente en los
conceptos generales del proceso, los objetivos y lineamientos básicos
del tratamiento y las diversas modalidades terapéuticas posibles.
FASCITIS PLANTAR
Se define a la fascitis plantar como inflamación del origen de la fascia
plantar y las estructuras perifasciales circundantes.
Es un fenómeno relativamente común, doloroso y debilitante que
puede a menudo frustrar al paciente si no se consiguen resultados satisfactorios.
Se presenta con dolor e inflamación palpable a nivel del tubérculo
medial del calcáneo, que aumenta con los primeros pasos de la mañana
o con la bipedestación prolongada.
Es la causa más común de dolor en la almohadilla talar. Se estima
que 1 de cada 10 personas pueden sufrir talalgia (dolor en talón) en
algún momento de su vida.
Ocurre con un pico de incidencia en individuos de 40 a 60 anos, se asocia con
mayor frecuencia a los siguientes factores de riesgo: corredores, bipedestación
prolongada, pie plano, pie cavo, limitación funcional de tobillo, contractura
musculo/tendón Aquiles y sobrepeso. En un 30 % de los casos se puede
presentar en forma bilateral.
Aunque habitualmente se utiliza el término espolón calcáneo
para referirse a este cuadro, se acepta actualmente que el espolón calcáneo
puede acompañar a la fascitis plantar (en un 50 % aproximadamente) pero
no son la causa de la misma.
Un adecuado interrogatorio y una correcta exploración del pie y tobillo
suelen ser suficientes para establecer el diagnostico de fascitis plantar y
encarar el plan terapéutico inicial.
Los estudios de imágenes complementarios ocupan un lugar limitado en
la evaluación rutinaria de este trastorno. 
Las
radiografías
convencionales son a menudos normales
Pueden solicitarse luego de un tiempo razonable de tratamiento
sin una respuesta favorable o con una presentación atípica.
La ecografía, gammagrafía ósea en tres fases y la resonancia
nuclear magnética (RMN) pueden ser útiles para descartar patología
oculta en los casos que no se haya resuelto la talalgia al cabo de 2 a 6 meses
de tratamiento no quirúrgico.
El manejo terapéutico de la fascitis plantar se basa en diferentes modalidades
de tratamiento no quirúrgico (medicación antiinflamatoria, taloneras,
ortesis, fisiokinesioterapia, infiltraciones con corticoides, terapia con ondas
de choque extracorpóreas).
Si bien no existe ninguna revisión bibliográfica que apoye la
utilización de fármacos antiinflamatorios, se ha observado una
tendencia hacia el alivio del dolor con la utilización de los mismos.
Las taloneras prefabricadas de goma o silicona sirven para absorber impacto
sobre almohadillas talares adelgazadas o hipotroficas y para relajar el musculo/tendón
de Aquiles en aquellos casos asociados a contracturas de este aparato musculotendinoso. Las
plantillas son útiles para optimizar la distribución de las cargas
biomecánicas sobre el pie si la talalgia se asocia a alguna alteración
del apoyo.
Si bien se han indicado numerosas modalidades de tratamiento fisioterapéutico,
los ejercicios de estiramiento del tendón de Aquiles y de la fascia
plantar son el tratamiento fundamental para los pacientes portadores de este
trastorno (figura).
A pesar de que no existen pruebas a favor de las infiltraciones con corticoides,
estas asociadas a un anestésico local pueden ser útiles en el
alivio del dolor y permiten la realización del protocolo de estiramiento
sin tanta molestia local. Se han descripto complicaciones luego de la aplicación
local de corticoides (ruptura de la fascia plantar, atrofia de la almohadilla
grasa talar), por lo que hay que ser criteriosos en la aplicación de
esta modalidad terapéutica.
La terapia mediante ondas de choque extracorpóreas, modalidad terapéutica
reciente, ha demostrado ser efectiva en el 60 a 80 % de los casos. Reservamos
su indicación para casos rebeldes al tratamiento no quirúrgico
habitual, luego de 4 a 6 meses de instaurado el mismo.
Aunque la fascitis plantar generalmente (90 %) responde en forma satisfactoria
a las modalidades terapéuticas no quirúrgicas antes mencionadas,
en casos recalcitrantes e incapacitantes, puede intentarse la resolución
quirúrgica, la cual consiste en la liberación de la fascia
plantar, pudiendo ser esta parcial o completa. Dicho procedimiento no está exento
de riesgos y requiere de prolongados tiempos de rehabilitación.
Podemos resumir nuestro manejo de dicha patología de la siguiente forma:
se le indica al paciente AINE (antiinflamatorios no esteroideos) vía
oral, taloneras de silicona, se aconseja seguir con sus actividades habituales
según tolerancia (guiadas por el dolor), se prescribe fisioterapia para
analgesia y principalmente ejercicios de estiramiento y si el examen físico
lo determina se solicitara radiografías simples. Si luego de 4 a 6 semanas
no hay cambios favorables se indicara infiltración local de corticoides
asociado a anestésico local y se continua con la terapia de estiramientos.
Si existe algún defecto de apoyo asociado se indica plantillas. Si persiste
la respuesta no satisfactoria luego de 2 a 4 semanas de la infiltración
puede realizarse una segunda aplicación de corticoides y solicitarse
RMN. Si con este estudio se confirma la fascitis sin otra afección agregada
se continúa con la fisioterapia, se instruye al paciente que el plan
de tratamiento puede llevar entre 6 a 12 meses y si existe la posibilidad se
indica la realización de ondas de choque extracorpóreas. Si pasados
los 6 u 8 meses de tratamiento continuamos con escasa respuesta y dolor discapacitante,
evaluamos la posibilidad de tratamiento quirúrgico.
Ejercicios de estiramiento del tendón de Aquiles y de la fascia
plantar

A) Estiramiento especifico de fascia plantar. Con tobillo en flexión
dorsal, el paciente se estira los dedos.
B), C) y D) Estiramiento de músculos de pantorrilla y tendón
de Aquiles.
Apoyado contra una pared, planta de pie asentando en su totalidad contra
el piso, el paciente se acerca a la pared con el tronco manteniendo el talón
de la pierna de atrás en el piso, primero con la rodilla extendida (B)
y luego con la rodilla semiflexionada (C).
D) Dorsiflexión de tobillo apoyando el antepie sobre un escalón
o taburete, descargando el peso del cuerpo sobre la pierna.
Se deben realizar cada uno de estos ejercicios, en forma suave y sostenida,
por 10 a 15 segundos, con cada miembro inferior, idealmente 3 veces por día
(al levantarse, por la tarde y antes de acostarse) y eventualmente luego de
algún periodo se sedestación prolongado.
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HALLUX VALGUS
No es una simple enfermedad del dedo gordo del pie, sino una compleja deformidad
del pie en su conjunto que aparece como consecuencia de un desorden arquitectónico
del apoyo normal, principalmente del arco anterior o metatarsiano.

Esta deformidad se compone de:
-Valgo del hallux (desviación lateral del dedo gordo)
-Varo (desviación interna) del primer metatarsiano
-Exostosis o bunio cabeza del primer metatarsiano (juanete)
-Bursitis (inflamación del bunio)
-Aplanamiento del arco anterior
-Aumento del ancho del pie
-Hiperqueratosis (callosidades) plantar
-Metatarsalgia (dolor sobre la región metatarsiana)
-Deformidad de los dedos menores (dedos en martillo y/o garra)
Es una patología que aparece con predominio en el sexo femenino, en
estrecha relación con el tipo de calzado, aunque existen también
otros factores desencadenantes (hereditarios, pie plano, primer metatarsiano
corto o largo, trastornos neuromusculares, hiperelasticidad articular, contractura
tendón Aquiles).
El motivo de consulta del paciente con hallux valgus puede ser dolor sobre
la eminencia medial o juanete asociado a hiperqueratosis (callosidades) plantar
difusa con eventual deformidad de los dedos menores (dedos en martillo o garra),
o simplemente suelen consultar por la incomodidad o disconformidad estética
que la deformidad le produce.
Es de vital importancia un examen meticuloso del pie y del individuo en su
conjunto, evaluando la posibilidad de coexistencia de algún proceso
sistémico con repercusión en el pie. Es útil también
revisar el estado cutáneo, vascular y nervioso del miembro completo.
Es esencial el estudio radiográfico, las cuales deber ser tomadas en
posición erecta, de frente y perfil, y asociar la proyección
axial de sesamoideos para evaluar la relación de estos con la cabeza
del primer metatarsiano.

En las radiografías se prestara atención en:
-grado de valgo del primer dedo
-congruencia articular y la presencia de cambios degenerativos a nivel de
la primera articulación metatarsofalángica
-grado de varo del primer metatarsiano
-forma y disposición de la articulación metatarsocuneana
-deformidad de los dedos menores
Según el grado de desplazamiento lateral o valgo del hallux los podemos
clasificar en:
-Leve: 15 / 20 grados
-Moderado: 20 / 40 grados
-Grave: > 40 grados
(Normal: < 15 grados)
El tratamiento conservador o no quirúrgico del hallux valgus implica
la utilización de calzados amplios, blandos y cómodos con el
objetivo de disminuir las presiones sobre el bunio y las callosidades, es útil
también asociar plantillas para corregir defectos del apoyo.
La indicación quirúrgica primaria es el dolor.
Existen numerosos procedimientos quirúrgicos para la corrección
del hallux valgus y estará este determinado por el grado de deformidad,
los componentes asociados, tipo de paciente (edad, demanda funcional y expectativas)
y preferencia del cirujano.
La corrección quirúrgica debe planificarse para eliminar el dolor
y evitar alteraciones de las estructuras articulares y otras patologías
asociadas.
Podemos agrupar las diferentes técnicas quirúrgicas para el tratamiento
del hallux valgus en:
-Procedimiento sobre tejidos blandos
-Queilectomia (resección y regularización del bunio o juanete)
-Osteotomías (correcciones óseas): sobre el metatarsiano (distal,
proximal o diafisaria)
sobre
la falange
-Procedimientos Combinaciones
A su vez estos procedimientos pueden realizarse a cielo abierto o con cirugía
mínimamente invasiva o percutánea.
Recordamos que no existe un único procedimiento para todos los pies,
y el tratamiento deberá ser específico para cada individuo según
el grado de deformidad, presencia de patología asociada, presentación
clínica, demanda funcional, edad y la experiencia y familiaridad del
cirujano con la técnica elegida, y que el éxito postoperatorio
reside en la adecuada selección del procedimiento.

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ESGUINCE TOBILLO 
Es una lesión del aparato cápsulo-ligamentario de la articulación
del tobillo de magnitud variable.
Incluye lesiones de diverso grado, desde
distensión del ligamento
hasta destrucción completa del aparato cápulo ligamentario
de la articulación.
La lesión puede afectar el ligamento externo, interno o ambos y aun
los tibio-peroneos. Siendo el ligamento lateral externo (LLE) el más
frecuentemente comprometido.
Si no son diagnosticadas y tratadas adecuadamente pueden llegar a convertirse
en un problema crónico.
Se produce luego de que el tobillo es llevado
con mayor o menor violencia en un movimiento de inversión o eversión forzada. Los ligamentos
son progresivamente distendidos y si el desplazamiento prosigue, la resistencia
del ligamento es sobrepasada, y éste se desgarra parcial o totalmente,
sea en su continuidad o en algunas de sus zonas de inserción ósea.
Si el movimiento de inversión o eversión continua, al desgarro
de los ligamentos del tobillo le sigue el de la cápsula articular y
de las fibras de la membrana interósea.
Pueden distinguirse tres grados de esguince según la magnitud de la
lesión:
-Grado I (leve): Se produce una distensión del ligamento afecto,
habitualmente el fascículo peroneo astragalino anterior (PAA) del ligamento
lateral externo (LLE), no existe laxitud articular asociada, el paciente puede
caminar, existe dolor leve y en general los síntomas son escasos.
-Grado II (moderado): Se produce la rotura parcial del ligamento, aparece
dolor moderado acompañado de una inestabilidad articular leve. Existe
hinchazón y dificultad para la deambulación. El paciente camina
en posición antiálgica, y los signos y síntomas son más
evidentes.
-Grado III (grave): Existe una laxitud articular manifiesta, rotura
completa del ligamento, desgarro capsular, dolor intenso, deformidad e hinchazón
francas. El paciente no puede caminar ni apoyar el pie en el suelo.
La presentación clínica variara según la severidad de
la lesión, pero en general se manifiestan con dolor, tumefacción,
equimosis (hematoma), impotencia funcional e inestabilidad articular.
El diagnostico de estas lesiones se hace principalmente con un correcto examen
clínico del pie y tobillo, de esto se desprende la importancia de un
adecuado entrenamiento por parte del profesional para el estudio e interpretación
de estas afecciones.
Deberá hacerse estudio radiográfico en contadas ocasiones, si
a la presentación habitual se asocia alguna de las siguientes situaciones:
el enfermo no puede mantener la bipedestación por dolor, tras producirse
la lesión o en el momento de la exploración, si existe dolor
a la palpación en los últimos 6 cm de cualquiera de los maléolos
o extremos óseos (tibial y/o peróneo) o si existe dolor a la
palpación sobre el hueso escafoides o sobre la base del quinto metatarsiano.
Si trata de manera adecuada, se podrá evitar que se convierta en dolor
crónico o que cause inestabilidad.
Los objetivos iniciales del tratamiento deben ser controlar la inflamación
y el dolor y proteger la carga de peso.
Para ello se indicara:
Elevar el miembro lesionado (para permitir el drenaje del edema).
Aplicar hielo (reduce la inflamación y controla el dolor) 15 a 20 minutos
c/ 2 a 3 hs.
Vendaje elástico (para prevenir la inflamación).
Administrar medicación antiinflamatoria y analgésica (para tratar
la inflamación y el dolor).
Se continuara el tratamiento de acuerdo a la magnitud de la lesión:
Esguinces leves: apoyo a partir del segundo día. Es conveniente utilizar
una tobillera o un vendaje al reanudar la actividad
Esguinces moderados: apoyo a partir del segundo al quinto día (según
tolerancia), con el tobillo protegido con un vendaje. Fisioterapia para iniciar
movilizaciones y ejercicios isométricos.
Esguinces graves: Las primeras 48 horas actuaremos igual que en los esguinces
moderados. Cuando la inflamación haya cedido (48 a 72 hs) adaptaremos
una inmovilización (fija o removible) durante 3 semanas. Apenas la presentación
lo permita, es aconsejable tratamiento fisioterapeutico.
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FRACTURAS MALEOLARES (TOBILLO)
Son todas aquellas fracturas que asientan sobre los extremos de la tibia y
el peroné a nivel del tobillo.
Constituye una de las fracturas más frecuentes del esqueleto óseo.
Comprenden
un amplio espectro de lesiones que va desde fracturas simples, no desplazadas
o mínimamente desplazadas y estables hasta fracturas
desplazadas e inestables.
Pueden ocurrir en individuos jóvenes por traumatismos deportivos o
de alta energía, o en personas mayores por traumas de baja energía
asociadas o no a algún grado de osteoporosis.

Del conocimiento preciso
de la anatomía de la región, de la
biomecánica de la articulación y de los objetivos del tratamiento
depende el correcto estudio y manejo de la lesión.
Existen diversos sistemas
de clasificación de las fracturas maleolares
(POTT, DANIS-WEBER, LAUGE-HANSEN, AO), se basan en la zona comprometida, en
el mecanismo de lesión, en la altura del trazo fracturario del peroné o
en la estabilidad de la lesión.
La más comúnmente utilizada en la actualidad es la propuesta
por el grupo AO/ASIF

Se presentan clínicamente con dolor, tumefacción, equimosis
(hematoma), deformidad, dificultad para la bipedestación e impotencia
funcional, todo esto asociado al antecedente traumático.
Es de vital importancia, a parte de un cuidadoso examen clínico del
tobillo y del individuo en su conjunto, una adecuada evaluación radiográfica
para definir con precisión el patrón fracturario.
Deberá realizarse 3 proyecciones radiográficas, anteroposterior
o frente(A), lateral o perfil (B) y anteroposterior de mortaja (C) (en 20 grados
de rotación interna)

Los objetivos del tratamiento de estas lesiones son: restablecer y mantener
las relaciones anatómicas normales del tobillo (tibio-peroneo-astragalina),
asegurar buenas condiciones para la reparación de las estructuras lesionadas
y permitir una rehabilitación precoz. Esto podemos conseguirlo a través
de medidas no quirúrgicas o quirúrgicas.
Podemos dividir el tratamiento de las fracturas maleolares en manejo inicial
o tratamiento de urgencia y tratamiento definitivo.
En la urgencia indicaremos reposo con el miembro elevado, aplicaremos medicación
analgésica y antiinflamatoria vía oral o inyectable si fuese
necesario, realizaremos una inmovilización provisoria con yeso o algún
dispositivo ortopédico. Luego con el enfermo controlado y la lesión
contenida realizaremos las radiografías adecuadas.
Con los resultados radiográficos determinaremos la naturaleza de la
lesión y el tipo de tratamiento definitivo a instaurar.
En lesiones de un maléolo aisladas, sin desplazamiento y estables, es
posible continuar el tratamiento con la inmovilización enyesada u ortopédica.
En lesiones desplazadas y/o inestables, será necesaria la resolución
quirúrgica, tan pronto como sea posible, con el fin de disminuir la
agresión articular y acelerar el proceso de rehabilitación posoperatoria.
Actualmente contamos con sistemas sofisticados de fijación, diseñados
especialmente para tobillo, aun cuando se asocia a severa osteoporosis, que
nos permite conseguir una adecuada estabilidad del foco fracturario con mínima
agresión quirúrgica, para así poder manejar el posoperatorio
sin la necesidad de inmovilización externa, todo esta ha llevado a ampliar
aun mas las indicaciones quirúrgicas para acelerar la recuperación
funcional y asegurar una pronta reinserción social, laboral y deportiva,
con bajo índice de complicaciones.

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RUPTURA TENDON AQUILES
Es la lesión traumática tendinosa más frecuente alrededor
del tobillo.
Se produce generalmente en personas de edad media, asociada a cambios degenerativos
o inflamatorios previos en el tendón.
Presenta claro predominio en el sexo masculino y aparece comúnmente
luego de alguna contracción muscular brusca (saltar, correr, caídas
de altura).
La lesión puede ser parcial o completa, ocurre mayormente en los últimos
2 a 6 cm del tendón, por encima de la inserción del mismo en
el calcáneo, en otras ocasiones puede desprenderse (desinsertarse) del
hueso.
El paciente se presenta con dolor de origen súbito y dificultad para
caminar o pararse en punta de pie.
Al examen físico se observa un defecto o interrupción en el
trayecto del tendón, visible y palpable, y debilidad para la flexión
plantar del pie contra resistencia y ausencia de flexión plantar luego
de la compresión de la musculatura de la pantorrilla (prueba de Thompson).
Si
bien el diagnostico es eminentemente clínico, puede confirmarse el
mismo con Ecografía o RMN (Resonancia Magnética Nuclear), en las
cuales se observara la solución de continuidad en el trayecto tendinoso,
hematoma, edema e inflamación.
Si bien el manejo terapéutico es aun controvertido, se recomienda la
reparación quirúrgica temprana, con el objetivo de disminuir
el índice de re-ruptura, con periodos cortos de inmovilización para
conseguir una rehabilitación temprana y mayor poder muscular.
La literatura describe numerosas técnicas de reparación quirúrgica,
los objetivos son reconstruir la continuidad, longitud y función
del aparato musculotendinoso, con el menor índice de complicaciones
y que nos permita la rehabilitación precoz del paciente.
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